El sábado por la mañana tuve que ir a la oficina, habia quedado con mi jefe para que me contara algunas cosas del nuevo programa informático que han instalado, como mi trabajo suele viajar a menudo no habia tenido oportunidad para ir al curso que hicieron.
Cual fue mi sorpresa al llegar allí y encontrarme a mi jefe con su mujer, es una mujer que está muy buena, ya en su momento me fijé en ella y en una fiesta de fin de año los dos un pocos subidos de tonos con el champan nos medio tiramos los trastos.
Mientras estábamos viendo lo que me tenía que explicar del programa, ella estaba alrededor normalmente sentada y se ponía en frente mía dejándome ver sus bragas, como ya se que es una cachonda y que además es una calentona, me hice el ausente, mientras ella respondía intentando abrirse más de piernas, e incluso en una de las ocasiones acariciándose con un bolígrafo entre las piernas.
La semana pasada estuve follando con unas interesantes y sugerentes lectoras del blog, esta semana Nati una de las tres lectoras calientes me llamo para quedar, “¿Quieres que montemos otra como la de la semana pasada con tus amigas?”
“No”, me respondió, “quiero que quedemos tu y yo sólos, me apetece mucho follar contigo y que me hagas esas cabalgadas que nos demostraste“, ufff cuando escuche esto me puse a cien, “bueno, bien, vale, pues quedamos, donde y cuando”.
“Por qué no te vienes a mi casa, me gustaría enseñarte algunos de mis juguetes“, me dijo, así que la tarde del Sábado lo tenía bien claro, fui a su casa y cuando llegué, allí estaba, con un sugerente vaquero bien ajustado, un jersey con un gran escote y sin sujetador.
Pase dentro y me encontré un acogedor sofa medio montado en el suelo con un montón de cojines por todos los lados, me gustaba algo tan confortante, y Nati con ese jersey que me había hecho que me empalmase nada más verla, al ver como se movian sus tetas a través del jersey recordaba como eran con esos pezones grandes y bien redondeados que se excitaban y se levantaban como setas hacía arriba.
“He preparado algo de café, con un poco de anis para irnos entonando”, me dijo mientras reía, “qué mala eres, y que malo me pones”, le dije. Empezamos a tomarnos ese café que tenía preparado y que sabia muy dulce con el sabor del anís y que además no tardó en empezar a hacernos efecto a los dos, empezamos a sentirnos calentitos, mientras nos íbamos besando lentamente, acercando cada vez más la lengua, recostados sobre los cojines de su salón. Me encantaba sentir su lengua, que buscaba partes insospechadas de mi boca, y que me permitía pensar lo bien que la sabe usar para todo.
Mientras nos besábamos, yo iba pasándole la mano lentamente por encima de sus tetas, sobre el jersey que llevaba, intentando localizarle los pezones y pellizcándolos levemente, ella pasaba su mano por encima de su bragueta, haciéndome una paja por encima de los pantalones.
“Eres una puta, me encanta que seas así de puta”, le dije, se extremeció, y me confesó, “lo que más me gusta es que me llamen puta mientras me follan, cabrón, que me vuelves loca, no se como lo haces pero me haces volverme completamente loca”.
Mientras me decía estas cosas, empecé a pasarle la mano por encima de sus bragas, la notaba caliente, con sus labios completamente sueltos, buscaban mi lengua desesperadamente, metí mi mano dentro de sus bragas y empecé a pasarle la palma de la mano por encima de un clítoris que empezaba a estar bien abultado, de vez en cuando daba un espamo.
Empezamos a quedarnos desnudos encima de esos maravillosos cojines y empezamos a follar, primero lentamente, me gustaba meterle mi polla lentamente mientras cerraba los ojos y me pasaba sus manos por encima de mis pezones, y por mi abdomen, poco a poco yo quería dominarla cada vez más, obligarla a gemir, mientras la decía lo puta que era, “me encanta follarte puta“, la decía, “si, follame, soy tu puta”, replicaba.
Pasamos una gran tarde de Sábado, una de las más cómodas que recuerdo …